Historia Astralis: Cap. I
- Leo Eliseo

- Aug 11, 2025
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El concilio de nobles se opuso a la redacción de esta obra originalmente. No fue maldad o un deseo de limitar el conocimiento. Prefiero categorizarlo como falta de esperanza más la noción de que esto era un desperdicio de tiempo y mis talentos. Una tarea que traería deshonra al buen nombre de mi familia, decían. Tarea de sirvientes y monjes sin ambición.
En parte tenían razón. La mayoría de la literatura había sido destrozada con el imperio mismo. El saqueo de las capitales y el colapso de la biblioteca imperial dejaría a ciegas la mayoría de los emprendedores de este sucio encargo. El temor de ser leído por enemigos de la corona sería capaz de disuadir al resto. Nunca he creado rivalidades profundas en esta corte, pero hay cicatrices visibles entre las familias originarias de esta región, y las llamadas familias refugiadas que llegaron después del fin de la era.
Tal vez por eso me brindaron este honor, soy desechable pero a la misma vez amarrado a un legado que pocos se atreverían a ofender. No es apropiado dedicarme a la historiografía siendo foráneo, la única ventaja que poseo es haber viajado más lejos de los que me rodean. Escapando la muerte y de todos modos terminando en ella. Las grandes guerras terminaron y la gloria de mi aún se espera.
Mi padre dio su vida por conservar intacto el trono. Fue un gran hombre dado responsabilidades aún más grandes que él. Nadie pensó que los norteños tendrían dragones capaces de ser domados. Nunca los vi en combate, pero guardé todas las cartas y diarios del viejo. Vendí algunas durante la crisis, cuando aparentaba no haber probabilidad de restaurar el orden establecido por los emperadores. Generé suficiente para zarpar en la primera embarcación lo suficiente valiente y a la vez estúpida para librarnos del antiguo mundo.
Probablemente me hubiera ido aunque el imperio prevaleciera. Tenían motivos para negarle el retiro digno a papá. Sí, era una emergencia la llegada de las bestias, pero dentro de sus corazones debían saber que últimamente era una misión suicida, una cuestión de honor y simbolismo que atrasaría lo inevitable.
Al menos yo sobreviví la masacre; hijos únicos raramente son enviados a la guerra debido al riesgo de extinguir la familia entera. Mi padre ya era mayor, pues había empezado su familia de forma latente tras finalizar su servicio. Encima, había extendido su servicio debido a su ascenso entre los rangos. Antes de volver a su puesto maldito, se dedicó a la venta e intercambio de libros. En realidad intercambiaba todo tipo de bienes al principio, y en la literatura encontró su último oficio.
Conocía todas las rutas y mapas por sus prolongadas campañas, y yo solo conocía su lado pacífico, fiel a sus amigos y al intelectualismo. No tuve de otra que educarme y mostrar interés hacia lo desconocido, pues de esto estaba rodeado mi infancia y mi destino. La política imperial era ruda y a veces fría, pero es mejor dictar que ser dictado; y es oportuno gritar en el senado antes que en el estomago de un gigante.
Debería estar escribiendo sobre eventos y sus actores importantes; pero dentro de mí siento una especie de protagonismo. A la vez un deseo de expresarme, de dejarme conocer y facilitar al lector el razonamiento detrás de mi perspectiva. Los historiadores prefieren permanecer en la sombra para brindar objetividad. Mienten, y solo engañan a su propia mortalidad. Nadie es capaz de completamente desprenderse de su propia experiencia; yo prefiero salir ante la luz y ser juzgado antes de que mi palabra sea asimilada por su consciencia.
En el próximo capítulo soltaré mis inseguridades y proveeré contexto, ya que a la misma vez siento culpa si no puedo como mínimo brindarles la historia, la recopilación de todo lo que hemos vivido y hemos perdido ante la incertidumbre. Un cuento difícil de creer y a la misma vez cierto. Recordado por gente honesta y a veces sin techo. La vida y a la paz ya no es un derecho, y al menos descanso sabiendo que esta obra explica los hechos.

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