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Historia Astralis: Introducción

La claridad del cielo caminaba lentamente al ritmo de la nuestra. Aunque había poco irreconocible al ojo en esta época, se generaban más preguntas sin explicación satisfactoria. Algunos preferían la era anterior, cuando las tormentas arenosas predominaban, más cuestionar era visto como una enfermedad. La mayoría veía el final de la nube roja como un mensaje divino. No es que todos fueran supersticiosos, pero veían en el horizonte despejado un reflejo de su propia libertad. Un signo de prosperidad. Fue un proceso gradual, lo cual ayudó a los nobles a coordinar un plan.


El primer paso fue invertir en la agricultura. Ya no se veían inmensas plantaciones como en el período imperial. Apenas ver un canal funcional era toda una novedad, y a menudo era una pequeña porción de lo que había sido. Dirigir los recursos a esto fue vital para recuperar las ciudades. La vida aldeana era fuerte, y propensa a los ataques de saqueadores. Lo poco que quedaba de la milicia tenía que ser reservado a la defensa de la clase noble y sus caravanas mercantiles, por ende había una crisis de seguridad. En torno, las ciudades sentían remordimiento por la alza de costos de productos agrarios, creando un amplio estrecho entre la relación de ambas.


Siento nostalgia por el deterioro de nuestro aparato agrario, y a la vez siento culpa por tener estas prioridades. La verdadera pérdida que hemos enfrentado es nuestro registro histórico. Los archivos, la librería y los seminarios de los sabios. Hoy día no es ni seguro viajar entre dos ciudades sin ser acompañado por una brigada armada; aunque tengas tu propio caballo.


La vida es mucho más simple, sí. El peso del saber trae sus consecuencias, también. Muchos dieron la vida por la búsqueda de la verdad. Pero lo contrario representa la chispa de innovación, la colaboración entre ambos continentes, y eventualmente, la única manera de descubrir quienes somos... y cómo colapsó el gran imperio.


Es noble cargar la antorcha del progreso, pero qué fácil es correr sin ella.


Vale mencionar que el autor de esta pieza no es un historiador entrenado en el sentido clásico, debido al colapso de las academias. Sería más responsable llamarlo un conservador de la memoria colectiva, recopilador de historias contadas a través de tradición oral. Todo hecho ante la posibilidad de la desintegración de la corona estrellada.

 
 
 

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